viernes, 27 de febrero de 2015

Poema: Lampareo


LAMPAREO


Como por arte de magia
el proyector nos contó con la mirada sus historias.

Gato firme en la mesa
del comedor, despertaba de su voluble letargo
con un ronquido leve,
en un bostezo de imágenes.

A un costado: la familia, carretes, olores viejos,
cintas de película a no sé cuántos
milímetros de la memoria.

Todo listo y se esfumaba la luz.

La blancura de la pared
develaba entonces dibujos animados,
golosinas visuales
con que engordar el hambre de los ojos.

Ahí va Tom trastabillando
por los rincones cardinales en busca de Jerry,
allá la empeñada odisea
por salvar el avión que se va a pique,
¿cuántas veces Cenicienta
abandonó su zapatilla en el espejismo de la pared?

Los párpados de la infancia
fraguaron del mundo su intermitencia
con el centellear del cinescopio:

Ríos de luz donde a ratos
la memoria, desnuda,
                                   relampaguea.

Desde ayer se enciende el proyector
que encandila
                                                 a lo lejos
rostros
                humeantes.  



Del poemario Memoria del agua (Amarillo Editores, México, 2005)
Este mes de febrero se cumplen 10 años de la publicación de mi primer poemario, “Memoria del agua”​, y para celebrarlo quise compartir este poema al que le tengo especial aprecio por recoger uno de los momentos de la infancia que más añoro: cuando mi padre nos ponía caricaturas en su proyector de 16 mm.



jueves, 12 de febrero de 2015

Los nietos de Carlomagno y otro posible 14 de febrero


(Como aperitivo al próximo día de San Valentín, en esta entrega del blog hago un repaso a uno de los capítulos históricos más entrañables de la dinastía carolingia y a un hecho que coincide con el 14 de febrero y que cambiaría la Historia y el destino de las lenguas romances para siempre.)


Tras la muerte de Carlomagno, ocurrida el 28 de enero del año 814, toda su herencia fue a parar al único sobreviviente de sus hijos, Luis el Piadoso, llamado así por fortalecer la influencia del clero en la sociedad de la época y por enaltecer la disciplina interior de la iglesia. Pronto este nuevo heredero se las ingenió para cambiar el título de rey por el de emperador gracias a la consagración papal. Ya para entonces contaba con 3 hijos: Lotario, Luis el Germánico y Pipino. En el año 817, Luis el Piadoso aseguró la supervivencia imperial al proclamar a su hijo mayor, Lotario, como emperador asociado, y a sus otros dos hijos como cabezas de dos reinos de la periferia: Luis el Germánico en Baviera y Pipino en Aquitania.

 Luis el Piadoso

Este aparente equilibrio comenzó a alterarse cuando de un segundo matrimonio nació un cuarto hijo: Carlos el Calvo. Su madre ambiciosa, Judith, presionó al emperador para hacer un nuevo reparto territorial y asegurar así un reino para su hijo. Las consecuencias que este nuevo reparto tuvo en el destino del emperador no se hicieron esperar, ya que sus otros 3 hijos se coligaron en contra suya, y el partido eclesiástico al que tanto había favorecido lo abandonó al ver comprometida la unidad del imperio. La reprimenda hacia Luis el Piadoso no acabaría ahí, pues en el año 832 fue privado de sus poderes y separado de su mujer y de su hijo a quienes encerraron en conventos. Por si fuera poco, un año más tarde (en el 833) Luis se vio obligado a hacer una penitencia pública arrodillado ante las altas esferas y obispos en la iglesia de San Medardo de Soissons.

Ante esta cadena de infortunios, un rayo de luz cayó por fin sobre el depuesto emperador, ya que ante tanta humillación sus otros dos hijos, Luis el Germánico y Pipino de Aquitania, se reconciliaron con él y plantaron cara a las pretensiones del primogénito Lotario, a quien expulsaron del trono restableciendo de nuevo los poderes en la figura de su padre. Al verse de nuevo en el puesto de emperador, Luis el Piadoso concedió a su hijo Carlos el Calvo un nuevo reino al que se añadió Aquitania tras la muerte de Pipino.

Lotario
Lotario

En junio del año 840 muere Luis el Piadoso cuando se dirigía contra su hijo Luis de Baviera (el Germánico) quien se había rebelado tras el último arreglo en favor de Carlos el Calvo. Ante estas circunstancias, el olvidado y depuesto Lotario quería recuperar su título imperial, mismo que estaba subordinado a los otros dos hermanos quienes limaron asperezas y se unieron para hacer frente a Lotario.

El 25 de junio del año 841 tuvo lugar una batalla decisiva en Fontenay. Según un cronista, la confrontación fue tan atroz y encarnizada que alcanzó la cifra de 80, 000 muertos. Finalmente Lotario cayó vencido y huyó hacia Italia.

Después de tanta lucha fratricida y tanto enrevesamiento de posturas, poderes y alianzas entre los sucesores de Luis el Piadoso, sucedió algo imprevisto que cambiaría la Historia para siempre: el pronunciamiento y la redacción  del primer documento escrito en lengua romance del que se tenga noticia: Les serments de Strasbourg (Los juramentos de Estrasburgo).
Carlos el Calvo

Cuando Luis de Baviera y Carlos el Calvo vencieron a Lotario afianzaron sus lazos de paz mediante una alianza fechada el 14 de febrero del año 842. Dicha alianza consistió en  los ya citados juramentos que, como hemos visto, es el texto más antiguo que se conserva en lengua romance.

Estos juramentos fueron declarados y redactados en protofrancés y en lengua germánica primitiva (teudisca lingua) por cada uno de los hermanos en la lengua del otro y posteriormente pronunciados por sus tropas, de modo que todos pudieran comprenderlo. La transcripción de estos juramentos fue hecha por Nitardo, otro pariente de Carlomagno del que  no se sabe qué motivaciones le llevaron a realizar dicha tarea y de cómo fue posible que dominara la fonética y la ortografía de esas dos lenguas romances primitivas.

Independientemente de que no sepamos a ciencia cierta cómo sucedió este gran acontecimiento, sí que podemos sentirnos maravillados al imaginar esa escena en la que la palabra hablada y escrita hizo su aparición para hilvanar un momento de paz después de tantos años de guerra.

Más allá de las fuentes romanas y la tradición católica que sitúan la primera festividad del mártir San Valentín el 14 de febrero del año 498 (fecha fijada por el Papa Gelasio I), me gusta pensar en ese otro 14 de febrero del 842 como una fecha que coincide con el llamado ahora “día del amor y la amistad”, desde un punto de vista histórico, ceremonial y metafórico. Claro está que nada tiene que ver ese acontecimiento con la festividad del Santo ni mucho menos con la famosa y criticada cursilería que caracteriza los 14 de febrero en nuestra sociedad actual, y es precisamente esa ausencia de relación y significado lo que le otorga a nuestro acontecimiento una peculiaridad más curiosa aún.  Quizá sea el hecho de la aparición de la escritura en lengua romance lo que me seduzca y me lleve a reflexionar en ese día como un acto de paz que se centró ya no sólo en la oralidad sino en el peso de la palabra escrita.

Desde que hace algunos años descubrí este capítulo histórico quería redactar un pequeño documento que contuviera el eco de aquellas palabras pronunciadas por dos ejércitos quizá perplejos de escucharse a sí mismos en una música hablada. Música que gracias a la misteriosa ocurrencia de Nitardo quedó grabada como un abrazo simbólico de alianza –más que de amor y de amistad – de aquel inaugural  14 de febrero.
Documento conservado de Los Juramentos de Estrasburgo

A continuación reproduzco el documento:

*) Texto de los Juramentos de Estrasburgo, escrito en una lengua germánica de tipo fráncico, pronunciado por Carlos el Calvo y su ejército:

In Godes minna ind in thes christianes folches ind unser bedhero gealtnissi, fon thesemo dage frammordes, so fram so mir Got geuuizci indi mahd furgibit, so haldih tesan minan bruodher, soso man mit rehtu sinan bruodher scal, in thiu, thaz er mig sosoma duo ; indi mit Ludheren in nohheiniu thing ne gegango, zhe minan uuillon imo ce scadhen uuerhen

*) Texto de los Juramentos de Estrasburgo, escrito en protofrancés, pronunciado por Luis el Germánico y su ejército:

Pro deo amur et pro christian poblo et nostro commun salvament, d'ist di in avant, in quant deus savir et podir me dunat, si salvarai eo cist meon fradre Karlo et in aiudha et in cadhuna cosa, si cum om per dreit son fradra salvar dist, in o quid il mi altresi fazet, et ab Ludher nul plaid nunquam prindrai, qui meon vol cist meon fradre Karle in damno sit

*) Traducción de los Juramentos de Estrasburgo al español

Por el amor de Dios y por el pueblo cristiano, y por nuestro bien común, a partir de ahora, mientras Dios me dé sabiduría y poder, socorreré a este mi hermano Carlos con mi ayuda y cualquier otra cosa, como se debe socorrer a un hermano, según es justo, a condición de que él haga lo mismo por mí, y no tendré nunca acuerdo alguno con Lotario que, por mi voluntad, pueda ser perjudicial para mi hermano Carlos.

Nota: en la traducción al español aparece el nombre de Carlos, simplemente se cambia este nombre por el de Luis cuando se redacta en la otra lengua.

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martes, 10 de febrero de 2015

Antes de que la Tierra vuelva a enfriarse


El último período geológico hasta ahora –y por ende en el que actualmente vivimos– es el llamado Holoceno.  Se originó hace aproximadamente 12,000 años y se caracteriza por su calidez debido a la estabilidad climática producida por el ascenso gradual de temperaturas. Los estudiosos coinciden en que quizá se trate de un período interglaciar que lo único que hace es interrumpir “brevemente”  la larga cadena de etapas gélidas que la Tierra viene sufriendo desde hace millones de años. También es cierto que no es la primera vez que esto ocurre, ya que el último período caliente anterior al Holoceno sucedió hace 100, 000 años.

Con estos datos, me viene a la mente la imagen de nuestro planeta como un inmenso corazón helado que palpita para producir de vez en cuando cierta armonía que nos permite a los seres vivos sentir un calor benéfico, una música de luz. Está claro que aunque fuéramos una especie animal responsable, o al menos consciente del daño que estamos causando, las condiciones climatológicas igualmente cambiarían justo como lo harán en unos cuantos miles de años.  Lo que quiero decir es que una nueva glaciación es inminente y, por desgracia o por fortuna, inevitable. Quizá la nueva etapa gélida esté ocurriendo ya, pero a diferencia de las demás, esta nueva etapa no se esté gestando desde el exterior sino desde el interior.

Como especie nos estamos congelando, cristalizando en hielos de sangre y en lenguas glaciares cubiertas de llagas. Las terribles confrontaciones que ocurren a diario en cualquier punto geográfico de este inmenso corazón no hacen sino cuestionarnos si realmente somos dignos, como lo han sido las más de 10 especies humanas anteriores a la nuestra, de formar parte de este órgano palpitante. A veces, entre tanta vorágine y desaliento cotidiano que los noticieros y la prensa se encargan de ensalzar para ganar adeptos, observo un simple detalle de un hombre o mujer anónimos y desconocidos, de un amigo, de un familiar, del panadero, del niño en el parque, leo un poema, veo una pintura, escucho hablar a un anciano… y en ese detalle casi desapercibido encuentro una chispa, una pequeña fricción que me devuelve el aliento. Son en esos pequeños detalles en donde encuentro la grasa y la combustión para seguir generando pétalos de fuego.

Antes de que la Tierra vuelva a enfriarse intentemos al menos poblarnos de brasas, de humanidad. Antes de que la Tierra vuelva a enfriarse generemos calor frotándonos las manos con la cotidianeidad de los días. Antes de que la Tierra vuelva a enfriarse dejemos que el sol amanezca desde dentro.

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martes, 3 de febrero de 2015

Postales del corredor, enero

En septiembre de 2014, en la red social Facebook, inicié un pequeño proyecto que funde el arte de correr con el arte de escribir y que lleva por nombre POSTALES DEL CORREDOR . Cada semana voy escribiendo en los estados de mi perfil pequeñas ráfagas a manera de un texto secuenciado. En este blog voy subiendo mensualmente la recopilación de estos textos bajo la etiqueta del mismo título. Los dejo con Postales del Corredor (enero/15).


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En el vaho las palabras humean como carbón quemándose dentro de una locomotora de músculos.

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Si se combinan bien, la resistencia y la velocidad hacen del ritmo cardiaco una nota sostenida.

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La locomoción del cuerpo revela una maquinaria mucho más precursora que la Revolución Industrial.

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En el sprint final hacemos el esfuerzo de desprendernos de nosotros mismos.

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Parece mentira que sean 206 huesos -y no una sábana blanca-  lo que nos sostiene con tanta ligereza. 

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