miércoles, 19 de noviembre de 2014

Ave negra

Fotografía original del ave negra by Mympatukis (19/11/2014, Madrid)



Hace ya varios días que un ave negra viene posándose en la cima de un poste de luz que se observa desde mi balcón. Ignoro cuál es su cometido, si secarse al sol o beber de las alturas, y eso hace que me rinda aún más a su quietud repentina. Se ha ganado mi simpatía a tal grado que cuando me asomo y no la veo siento que mi ventana está vacía y mi balcón despoblado. Lo más probable es que el ave negra ignore que tiene un espía. En ella mi espíritu ha encontrado el don apacible del azar y la magia que se recrean como un eco en la costumbre del día. Recuerdo, entre aleteos,  aquellos versos de William Carlos Williams: Este gorrión/ que se ha posado en mi ventana,/ más que un ser natural/ es una verdad poética.

El ave negra que observo desde mi balcón, más que un ser natural, es también una verdad poética: en su fiel pose y en su estructura de relámpago óseo observo al mundo reunir su completo estado de gracia.

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martes, 11 de noviembre de 2014

Sobre el poema y su anatomía



* Cada poema, antes de entrar en nosotros con su significado, entra con su forma, con su proyección tatuada. La distribución tipográfica y la disposición de los versos en el espacio de la página forman una mancha de líneas palpitantes que se adhieren a la mirada como una cadencia de sombras. Antes de iniciar su lectura, el poema ya nos predice su ritmo, su aliento y su extensión. Es un dibujo que habla en dos registros: con su espectro y con su voz.  Por eso, los poemas son en cierta medida pinturas que se convierten en música. El poema se despereza de su letargo y comienza su andanza, hace de lo inmóvil una caminata y de la imagen un tiempo que camina. El poema trae consigo una doble cara: la que nos ofrece con su apariencia y la que nos revela con su esencia. Leer con el oído y escuchar con la mirada. El poema hace de sí una transfiguración de los sentidos. Y es ahí donde empieza el misterio que, paradójicamente, nunca se nos devela.

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lunes, 3 de noviembre de 2014

Postales del corredor, octubre

En septiembre, en la red social Facebook, inicié un pequeño proyecto que funde el arte de correr con el arte de escribir y que lleva por nombre POSTALES DEL CORREDOR . Cada semana voy escribiendo en los estados de mi perfil pequeñas ráfagas a manera de un texto secuenciado. En este blog iré subiendo mensualmente la recopilación de estos textos bajo la etiqueta del mismo título. Los dejo con Postales del Corredor (octubre).

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Los brazos como dos remos balanceándose para mantener a flote el torso entre olas aéreas.

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Correr de noche es adentrase en una página oscura en donde las cosas se convierten en el fantasma de sus propios nombres.

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Mantenerse erguido, observar un punto fijo en el horizonte, como si el infinito se pudiera tocar con la mirada.

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En su relevo de reflejos el agua enciende arrugas de luz.

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Repentinamente los murciélagos se agitaron como banderas efímeras de una meta inalcanzable.

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Caer en un charco es hacer saltar la lluvia.